NOTA INTRODUCTORIA

“Emma Woodhouse, guapa, inteligente y rica…”.  Así comienza Emma, una de las novelas de Jane Austen, y así comenzó mi relación con esta autora, a la que desconocía casi por completo entonces, y a la que tantas horas he dedicado en los quince años que han transcurrido desde aquel primer encuentro.

¿Qué vi en esa novela para que me llevara a buscar otra de esta misma autora, y después otra y otra…? ¿Qué tienen las obras de Jane Austen para que seamos millones los lectores que las hemos releído una y otra vez, y las incluyamos sin dudar entre nuestros títulos favoritos? La respuesta a esas preguntas daría para otro libro, para una tesis doctoral o para varias. Pero, aunque sea de un modo incompleto, también podrás encontrar una explicación en estas páginas.

Toda obra es, en cierta medida, un reflejo de su autor.  No es necesario conocer la biografía de una escritora para poder disfrutar de sus novelas, pero no es raro que cuando un libro nos gusta, investiguemos sobre la persona que lo escribió.

Esta novela tiene como objetivo principal acercar la vida de Jane Austen a todos aquellos que han leído alguna de sus obras, y también a los que aún no lo han hecho, pero sienten un mínimo de curiosidad por su vida, su entorno, su labor creativa… ¿Cómo fue el día a día de una de las escritoras con mayor repercusión mediática? Más de doscientos años después de su muerte, sus libros siguen estando de moda, se cuentan por decenas las adaptaciones y versiones audiovisuales de sus obras, y por cientos las precuelas, secuelas, mash-ups, spin-offs y otras narraciones inspiradas en algunos de sus personajes.

Jane Austen es la gran protagonista de estas páginas y he hecho todo lo que ha estado en mi mano para mostrarla tal y como fue. Mi mayor preocupación ha sido mantenerme fiel a los datos históricos que conocemos sobre ella y a su personalidad, o al menos, a lo que yo he percibido de su personalidad a través de sus escritos y de los testimonios de aquellos que la conocieron.

Para lograr este propósito, he intentado que su voz suene alta y clara a lo largo de toda la novela intercalando fragmentos de sus cartas, y también incluyendo muchas de sus palabras en los diálogos o reflexiones, ya sean extraídas de su correspondencia o de sus obras.  La mayoría de personajes que aparecen en esta historia son reales, y también lo son casi todos los hechos que se narran. Mi labor ha consistido en recopilar toda la información disponible y ofrecerla de un modo ordenado. Esto ha exigido bastante tiempo y dedicación, pero no ha sido una tarea difícil.

Lo realmente complicado -el auténtico reto de esta obra- ha sido tratar de introducirme en el interior de una de las mejores escritoras de la literatura universal, para poder mostrarla de un modo cercano y a la vez profundo. No sé si lo he logrado, pero he puesto toda mi ilusión y todo mi empeño para hacerlo. Sé que el resultado no será del gusto de todos. Eso es imposible. Pero confío en que sean muchas las personas que disfruten con estas páginas.

Esta novela es el fruto de muchos años de trabajo y reflexión. De horas y horas de lectura, de conversaciones con otros lectores –sobre todo lectoras-, de congresos, jornadas, vídeos, artículos y entradas en blogs. Este es mi tributo a la autora que me deslumbró y que me introdujo en un mundo que no conocía. Los defectos de esta novela son míos, todo lo bueno que haya en ella se debe a su protagonista. Aquí termina mi parte y empieza la auténtica historia. Señoras y caballeros, con todos ustedes… ¡Jane!

Anuncios

TOM LEFROY

Resultado de imagen de tom lefroy-Permítanme que les presente a mi sobrino Tom Lefroy.

Mientras el señor Austen le daba la bienvenida en nombre de toda la familia, Jane clavó sus ojos de color avellana en el joven. No había en él nada llamativo, pero tampoco nada fuera de lugar. Sus maneras no parecían estudiadas, su voz resultaba agradable y la sonrisa que acompañó a su saludo fue franca y cordial. Su actitud era la de alguien que se siente a gusto consigo mismo y con los demás. La gentil reverencia con la que respondió a las diversas presentaciones, su respuesta natural a las preguntas de cortesía… Todo en él resultaba armonioso; ni envaramiento, ni arrogancia, ni una soltura desmedida.

-Es un placer tenerle entre nosotros. Confiamos en que su estancia sea lo más agradable posible.

-Muchas gracias, señora Austen. No me cabe ninguna duda de que será así.

-¿Había estado alguna vez en Hampshire?

-No, es la primera. Aunque confío en que no la última.

-Ya sabes que puedes volver a nuestra casa cuando quieras –intervino de inmediato su tío-. Y no debes tener ninguna prisa por regresar a Irlanda. Nuestro hogar es el tuyo el tiempo que desees.

Imagen relacionada Mientras la conversación proseguía por los cauces de los agradecimientos y los buenos deseos, Jane tuvo tiempo de continuar con su análisis. Las buenas maneras del joven irlandés eran un complemento perfecto para su figura elegante y la apostura de su rostro. Mirada decidida, rasgos marcados, pero aún suaves, y la sonrisa siempre dibujada en los labios.

-… Cassandra se marchó hace unos días, pero seguro que tanto Henry como Jane asistirán. ¿Le gusta bailar, señor Lefroy?

-Sí, mucho. Y espero tener el honor de compartir algún baile con la señorita Austen –añadió, inclinando ligeramente la cabeza.

Jane respondió con una tímida sonrisa, que se ensanchó al percibir el brillo de los ojos del joven al encontrarse con los suyos.


Ayer fue el cumpleaños del señor Tom Lefroy, así que tenéis casi la misma edad…

La primera de las cartas de Jane Austen que se conserva está fechada en Steventon el 9 de enero de 1796. Ese día, Cassandra cumplió veintitrés años y, con ese motivo, su hermana Jane le escribió una carta para felicitarle. Sin embargo, ese no era el único asunto que ocupaba su mente mientras empuñaba la pluma. Desde hacía unas semanas, el vecindario contaba con la presencia de un joven caballero con el que Jane había congeniado a la perfección. Y, por lo que parece, las noticias habían volado hasta el lugar en el que se encontraba Cassandra con la familia de su prometido.

Me regañas tan duramente en la larga y agradable carta que acabo de recibir, que casi tengo miedo de decirte cómo nos comportamos mi amigo irlandés y yo. Imagina las cosas más libertinas y escandalosas en la manera de bailar y de sentarnos uno junto al otro.

Así continúa la carta de Jane, mostrando la complicidad que la unía a su hermana Cass y su carácter alegre y burlón. ¿Sería realmente así? Las normas de conducta de la sociedad en la que vivió Austen marcaban las pautas en las relaciones sociales. Saltarse esas normas podía dar lugar a habladurías y a malentendidos…

Una pregunta para los lectores de Austen, ¿no os recuerda esa actitud a la de Marianne y Willoughby?

Sin embargo, puedo exponerme solo una vez más, porque se marcha inmediatamente del país después del viernes próximo, día en que, por fin, se celebrará un baile en Ashe. Es cierto que se trata de un joven muy galante, apuesto y agradable. Pero no puedo contarte mucho más, ya que, salvo en los últimos tres bailes, apenas nos hemos visto, porque en Ashe se ríen tanto de él, a causa mía, que le da vergüenza venir a Steventon.

En película “La joven Jane Austen” (Becoming Jane), se muestra la relación entre la escritora británica y el joven Lefroy. ¿Qué hay de verdad en esa historia? ¿Se declaró Tom? ¿Estuvieron a punto de fugarse? ¿Volvieron a encontrarse?

En una carta a Cassandra posterior a la que hemos citado hasta ahora, la misma Jane nos da algunas pistas. Al referirse al baile que le anunciaba en su anterior misiva, Jane dice:

Me muero de impaciencia por ir, pues confío en recibir una propuesta de mi amigo durante el transcurso de la velada.

Una propuesta de matrimonio, claro. ¿Realmente lo esperaba? Jane continúa en un tono medio en serio medio en broma y añade:

Lo rechazaré, sin embargo, a menos que prometa deshacerse de su abrigo blanco.

Jane dejó la carta a medias y la continuó al día siguiente, cuando tendría lugar el baile durante el que Tom podría confesar su amor. Pero, ¿lo haría? ¿Lo esperaba Jane?

Finalmente ha llegado el día en el que coquetearé por última vez con Tom Lefroy, y, cuando recibas esta carta, todo habrá terminado. Me brotan las lágrimas mientras escribo, ante tan melancólico pensamiento.

El tono de Jane es burlón y satírico… ¿Un modo de camuflar sus verdaderos sentimientos? Consciente de la sociedad en la que vivía, Jane conocía las dificultades que impedían un compromiso entre Tom Lefroy y ella. El joven Lefroy debía prosperar para poder ayudar a su familia. Un familiar adinerado estaba sufragando sus estudios con esa finalidad. La hija de un párroco rural no era, por lo tanto, la esposa que más le convenía. Y Jane lo sabía.

Tom se marchó y nunca regresó a Steventon.

¿Y Jane?

Si quieres saber más, pincha AQUÍ

MI QUERIDA CASSANDRA

Imagen relacionada-Buenos días –dijo una voz tras ella arrancándola de sus reflexiones.

-Buenos días, Cass –repuso Jane con una cálida sonrisa-. Estaba pensando en ti.

-¿En mí? Espero que no hayas decidido incluirme en tu nuevo libro –comentó con una mirada significativa-. Al final no le enseñaste a la prima Eliza tu historia sobre Lady Susan Vernon –le recordó con picardía-. Me pregunto cuál habría sido su opinión.

Jane rió divertida mientras el rubor teñía su rostro.

-Quería haberlo hecho, pero no me atreví –reconoció-. Quizás en su próxima visita.

-Yo creo que se habría reído muchísimo y que le habría gustado.

-Puede ser… Pero preferí no arriesgarme. Una cosa es hablar y comportarse de un modo y otra muy distinta verse reflejada en un personaje, por muy encantador que a mí me resulte.

-Supongo que tienes razón. Pero has dicho que estabas pensando en mí…

Imagen relacionada            -En realidad estaba pensando en lo mucho que te voy a echar de menos cuando te cases –confesó Jane.

Cass recibió la respuesta con la fuerza de un golpe inesperado. Sin poder evitarlo, la joven sintió que sus ojos se humedecían, mientras la pena le oprimía el pecho. Al comprobar el efecto de sus palabras, Jane se acercó veloz a ella y la abrazó con fuerza.

-Perdona, no quería entristecerte.

Las lágrimas de su hermana humedecieron los rizos oscuros de Jane, que secó su llanto con besos.

-No, perdona tú. No sé qué me ha pasado. Aunque lo cierto es que yo también he pensado mucho en eso –dijo al fin Cassandra, algo más recuperada-. Quiero muchísimo a Tom y estoy deseando que vuelva. Pero, a la vez…

Jane asintió comprensiva y se esforzó por darle a la conversación un tono más alegre.

-De todos modos, tampoco hay que exagerar –comentó con un mohín divertido-. Nos hemos separado muchas veces y no ha sido tan terrible. Es más, si no fuera por eso, no habría recibido esas cartas tan divertidas que me escribes.

Resultado de imagen de cassandra austen            -Es cierto –afirmó su hermana en el mismo tono-. Además, cuando nos casemos, te invitaremos con frecuencia y pasarás largas temporadas en nuestro hogar.

-Eso será fantástico. Y seré la tía preferida de vuestros hijos.

-De eso no hay duda –afirmó Cass riendo-. Aunque para entonces, quizás tengas otros planes.

Jane contestó con un gesto evasivo.

-Seguramente conocerás a algún caballero que te haga cambiar de idea –insistió su hermana.

-No tengo muy buena opinión de los caballeros que conozco por aquí.

-Quizás en algún viaje…

-Cuando viajo prefiero fijarme en las montañas.

Cass sonrió con un gesto de resignación.

Imagen relacionada            -Está bien –cedió-. No insistiré más, dejaremos que sea el tiempo quien decida. Ya sabes que tan solo quiero que seas feliz –añadió, reconduciéndole un mechón rebelde.

-Lo sé –repuso Jane, tomando la mano de su hermana- Y yo quiero ser feliz como todo el mundo, pero, como todo el mundo, quiero serlo a mi manera.

Cassandra sonrió una vez más.

-Eres imposible –sentenció con un beso.


Mucho se ha hablado de Cassandra, la hermana de Jane Austen, y no siempre para bien. En parte se debe al hecho de que Cassandra quemara o recortara algunas de las cartas de Jane, después de su muerte. Hay quien piensa que este hecho implica una censura o una tergiversación de la historia fruto de un espíritu puritano o manipulador. ¿Qué escondían esas cartas -se preguntan algunos- para que Cassandra las destruyera? ¿Acusaciones contra ella de su hermana, que se desahogaba por escrito tras alguna rencilla? ¿Secretos escandalosos de Jane o de la familia? ¿Declaraciones subidas de tono fruto de la represión, etc., etc., etc.? Nadie lo sabe, pero hay gente que siempre piensa lo peor.

Resultado de imagen de cassandra austenVamos a imaginar… Imagina que pierdes a un ser querido y tienes acceso a todos sus mensajes personales (mails, whatsapps, mensajes a través de redes sociales, etc.). Imagina que debido a la relevancia de esa persona, intuyes que todos esos contenidos, de carácter privado, van a ser expuestos a la luz pública, a la vista de todo tipo de personas. Imagina que al leer esos mensajes descubres algunos que, fruto de su carácter privado, podrían ser malinterpretados por algunos, o que serían motivo de burla o de cualquier tipo de vejación hacia la persona fallecida, a la que tú tanto quieres. Porque, entre tú y yo, ¿dejarías tu móvil disponible para que cualquier persona pudiera leer todos tus mensajes? ¿Seguro que no hay cosas que te harían pasar un mal rato si se hicieran públicas en las redes, aunque no sean nada malo? Bien, pues imagina todo eso y dime si no optarías por seleccionar qué es de carácter público  y qué de carácter privado. Cada uno es libre de tomar la opción que crea más conveniente… Y eso es lo que hizo Cassandra.

Dejando eso a un lado, podemos decir que las cartas de Jane a su hermana destilan cariño, confianza, complicidad, admiración… Dos hermanas en una familia plagada de chicos. Dos hermanas que compartieron muchas alegrías y no pocos sufrimientos. Dos hermanas que permanecieron juntas hasta que la muerte las separó.

¿Cómo era Cassandra? Inteligente, responsable, divertida… Al menos eso era lo que opinaba Jane, cuando una y otra vez repetía lo mucho que se había reído al leer sus cartas. Jane había crecido a la sombra de Cassandra, pero no fue una sombra que la impidiera crecer. Los hechos así lo demuestran. Jane se apoyó en su hermana para todo y la veía como un referente. Por eso no es de extrañar que, a pesar de ser un genio de la literatura universal, Jane se considerara inferior a su hermana querida.

Resultado de imagen de cassandra austenLa relación con Cassandra se estrechó aún más con el tiempo y, en especial, durante la enfermedad de Jane. Cass fue su compañera, su enfermera, su confidente… La que estuvo con ella en todo momento y la que sostuvo su cabeza durante su agonía. Gracias a Cassandra conocemos cómo fueron las últimas horas de una escritora inmortal, cuyos personajes e historias desafían el paso de los siglos.

Seguro que Cassandra tuvo sus defectos, ¡y quién no! Pero si Jane la quería tanto, no sé por qué los que admiramos a Jane deberíamos sentirnos de otro modo.

Godmersham, miércoles 15 de junio de 1808

Mi querida Cassandra,

            ¿Por dónde empiezo? ¿Cuál de mis importantes naderías te contaré primero?

SI QUIERES SABER MÁS, PINCHA AQUÍ

EL HOMBRE QUE RECHAZÓ A JANE AUSTEN

Miércoles, 1 de noviembre de 1797

A la atención de Thomas Cadell, editor.

Señor:

            Obra en mi poder el manuscrito de una novela en tres tomos, de una extensión aproximada a Evelina, de la señorita Burney. Siendo consciente de la importancia que puede tener para una obra de esta clase que la primera edición sea publicada bajo un nombre respetable, me dirijo a usted. Le estaría muy agradecido si fuera usted tan amable de hacerme saber si está interesado en ella, cuál sería el coste de publicación a riesgo del autor, y cuánto estaría usted dispuesto a pagar por los derechos de autor si, tras su cuidadosa lectura, le diera su aprobación. Si su respuesta fuera alentadora, le enviaré la obra.

            Soy, señor, su humilde servidor,

                                                           George Austen

 

-¿Te parece bien? –preguntó con evidente satisfacción.

-Es perfecta –sentenció Jane, estampando un beso de agradecimiento en la mejilla de su padre, que sonrió complacido.

-La enviaré personalmente esta misma mañana –declaró mientras tomaba su abrigo del perchero y se disponía a salir-. Espero que no tarde mucho en contestar y así podemos enviarle tu novela. Ya verás cómo le encanta –añadió a modo de despedida.

Jane permaneció inmóvil frente a la puerta. La emoción bullía en su interior ante la posibilidad de que se publicara uno de sus escritos. ¡Sería maravilloso! Pero… ¿Y si no era así? ¿Y si no les gustaba su novela? A su padre le había encantado y era un hombre muy culto, que había leído infinidad de libros. Pero era su padre. El resto de su familia también había disfrutado con su lectura. Habían pasado varias noches sentados frente a la chimenea, escuchando a la joven mientras les leía las distintas cartas que hacían avanzar la historia. Aunque no faltaron ofrecimientos para darle un relevo, Jane insistió en leer toda la novela. Solo ella sabía el tono que emplearían Lizzy y los otros personajes al decir tal o cual cosa. Las veladas habían pasado volando, al menos para ella, y, en no pocas ocasiones, tuvo que interrumpir la lectura hasta que se acallaron las risas.

Cuando leyó los últimos párrafos y se dio por concluida la obra, todos los presentes aplaudieron con fuerza y su padre declaró que era la mejor historia que había escuchado en su vida. Jane había sonreído halagada, sin dar mayor importancia a un comentario que era fruto del afecto de un padre cariñoso por su hija mimada. Sin embargo, cuando a la mañana siguiente le planteó la posibilidad de enviársela a un editor, Jane comprendió que no era tan solo el amor paternal lo que le movía, sino que realmente juzgaba su trabajo digno de ser publicado.


Jane Austen aún no había cumplido veintidós años cuando su padre escribió al señor Cadell con la intención de publicar First Impressions, que más tarde se titularía Pride and Prejudice (Orgullo y prejuicio). No ha llegado hasta nosotros el manuscrito original de esa primera versión, ya que Austen destruía las copias antiguas de sus obras, pero sabemos que se trataba de una novela epistolar… ¡Que Jane Austen finalizó con tan solo veintiún años!

Como se puede leer en la carta del Reverendo Austen, los costes de la publicación recaían sobre el autor. El editor pagaba por los derechos y se encargaba de los preparativos para la publicación, las correcciones, la impresión, la distribución, la publicidad y el control de ventas.

Así que pongámonos en situación: la joven Jane Austen ha terminado de escribir una novela, se la lee a su familia y a su padre le gusta tanto que decide escribir a un editor para que la publique. No es difícil imaginar la emoción que sentiría Jane ante la posibilidad de que una de sus historias fuera publicada. Seguro que toda la familia compartía su ilusión y hablaban sobre ese proyecto durante las comidas y veladas al calor de la chimenea. Confiado en el éxito de esa obra, el Reverendo Austen envía la carta y a los pocos días recibe la esperada respuesta. ¿Qué dice?

DECLINED BY RETURN OF POST

Rechazada a vuelta de correo… Rechazada sin la menor consideración. Un portazo en la cara.

¿Qué sentiría Jane al recibir esta negativa? Tanta ilusión, tantos planes, tantos halagos de sus familiares… ¡para nada! ¿Para nada? ¿Seguro? El editor ni siquiera había leído la novela. Su padre le había propuesto enviársela si tenía interés en leerla, pero no fue así. Por lo que la negativa no fue hacia la obra sino hacia la idea de la autora que el editor se forjó en su mente durante los escasos segundos que le dedicó.

Jane Austen fue rechazada por un editor. Orgullo y prejuicio, una de las mejores novelas de la literatura universal, fue rechazada por el primer editor que tuvo la oportunidad de publicarla. No es un caso aislado, sabemos que lo mismo ha ocurrido con grandes best-sellers de nuestros tiempos, Harry Potter, sin ir más lejos. Se cuenta que fueron más de diez las editoriales que no estimaron esa historieta de magos digna de ser publicada… ¿Qué pensarían pasados unos años? 😉 Seguramente lo mismo que el señor Cadell si levantara la cabeza uno de estos días 😛

Afortunadamente, Jane no se desanimó por esa negativa y siguió escribiendo, revisando lo escrito y creando nuevos personajes e historias.

Otra lección de nuestra querida Jane Austen: no dejarse vencer por los fracasos. Seguir adelante, pase lo que pase. Si lo que hacemos vale la pena, el tiempo se encargará de que se valore como es debido.

Si quieres saber más sobre Jane Austen, pincha AQUÍ.