LA TÍA JANE

Resultado de imagen de fanny jane austen regrets-Me gustaría escribir una historia como las tuyas.

-Y a mí.

-Pues, adelante. Nadie os lo impide.

-Pero no sé cómo se hace –objetó Anna.

-Podrías enseñarnos –propuso Fanny.

-Es cierto –afirmó su prima de inmediato-. Sería maravilloso.

Jane sonrió divertida mientras caminaba escoltada por sus sobrinas. Cada una de las jóvenes agarró un brazo de su tía y ambas insistieron en su petición.

-Podrías darnos clases.

-Y corregir lo que escribamos.

-Seremos muy buenas alumnas.

-Por favor, tía Jane –le rogó Anna con una mirada suplicante.

-Yo no tengo ningún problema en ayudaros –contestó al fin la interpelada-, pero es que no sé qué es lo que queréis que os enseñe. No soy ninguna experta. Tan solo he escrito unas cuantas historias por diversión, pero ninguna de ellas es gran cosa.

-Eso no es cierto –protestó Fanny-. Tus historias son divertidísimas y muy bonitas.

-A mí me gustan todas –se le unió Anna.

Aunque Jane consideraba que sus sobrinas eran aún demasiado pequeñas para leer todas sus obras, les había dejado algunos de sus manuscritos y, en ocasiones, les había relatado pasajes de sus novelas.

-Está bien –cedió-. Haremos una cosa. Vosotras escribiréis una historia y yo os la iré corrigiendo. ¿Os parece bien?

-Y sobre qué escribimos –cuestionó Fanny.

-Sobre lo que queráis. Eso es cosa vuestra. Cada escritor debe elegir los temas de sus obras.

Las muchachas asintieron en silencio. Sin embargo, tras permanecer unos instantes pensativas, reanudaron su interrogatorio.

-¿Por dónde empezamos?

-Por el principio.

-¡Tía Jane! Hablo en serio –protestó Anna.

Resultado de imagen de fanny jane austen regrets            -Y yo también –contestó, desconcertando a las jóvenes-. Lo primero en una historia son los personajes –aclaró-. Comenzad por ahí y todo será más sencillo. Antes de pensar en la historia tenéis que dar vida a sus protagonistas. Imagináoslos en diversas situaciones, familiarizaos con su forma de ser, convertíos en espectadoras de sus vidas. Tenéis que llegar a conocerlos como si fueran de vuestra familia. Solo así lograréis que resulten creíbles e interesantes. Si creáis buenos personajes, lo demás es solo una consecuencia.

-¿Qué quieres decir? –inquirió Fanny con gesto concentrado.

-Las historias, ya sean novelas o simples relatos, no son más que un reflejo de la vida real. Aunque se trate de un cuento de hadas, siempre habrá alguna conexión con nuestro día a día. Si no fuera así, nos resultarían tan extrañas y lejanas que no captarían nuestra atención.

-¿Y qué tiene eso que ver con…?

-Un momento señorita, no he terminado –le interpeló su tía-. Pues bien, igual que a nosotras nos interesan sobre todo las cosas que les ocurren a nuestros seres queridos, a los lectores les atraerá más la historia si le toman cariño a los personajes y se identifican con ellos. Por eso, si vuestros protagonistas son de carne y hueso, y tienen algunas características que los vuelvan interesantes, no hará falta que les sucedan cosas increíbles para que la gente quiera conocer su historia. Las cosas serán importantes porque les ocurren a ellos.

Anna y Fanny permanecieron en silencio unos segundos, tratando de asimilar la lección. Mientras tanto, Jane dudaba de qué otro aspecto del proceso de creación debería comentarles. Ahora que había empezado a hablar sobre este asunto, se le ocurrían cientos de detalles que explicar a sus sobrinas. No era un tema sobre el que soliera charlar con sus amistades y le resultaba tan fascinante…

Imagen relacionada           -¿Tú sabes todo lo que va a suceder en la historia cuando empiezas a escribir? –Esta vez fue Anna la que preguntó. Aunque ambas muchachas se mostraban ilusionadas con el proyecto, por alguna razón, Jane sospechaba que Anna tendría más éxito que su prima. Fanny era más inteligente y quizás incluso tuviera mejores dotes para la escritura que Anna, pero carecía de la constancia y de la capacidad de sacrificio de esta. Quizás se debía a los diferentes estilos de vida o a su historia familiar. Anna había perdido a su madre siendo aún muy pequeña, y siempre había llevado una vida marcada por la sobriedad y el trabajo. Fanny, sin embargo, aunque había recibido una excelente educación en todos los aspectos, y contaba con el asesoramiento de unos padres con principios firmes, también gozaba de muchas comodidades y se relacionaba con personas de posición elevada, que influían inevitablemente en su modo de ver el mundo y su manera de comportarse. Anna era como una hormiguita y Fanny como una mariposa. Pero esto no era un obstáculo en su relación. Las jóvenes primas se complementaban y gozaban con su mutua compañía.

-Depende –dijo Jane, respondiendo a la pregunta de su sobrina-. En las historias cortas sé lo que va a ocurrir, en las que son más largas, tengo algunas ideas al principio, pero se van modificando mientras escribo. Son los personajes los que me dicen lo que tiene que pasar, yo me limito a contarlo.

-¿Se te aparecen en sueños? –cuestionó Fanny con escepticismo.

-No, aunque alguna vez he soñado con ellos. Pero lo cierto es que casi puedo oír sus voces y no me cuesta nada imaginármelos delante de mí, moviéndose por la habitación. Por eso no exagero al decir que yo me limito a contar lo que les ocurre, y a darle cierto toque personal –puntualizó con una media sonrisa que sus sobrinas no supieron interpretar.

-Entonces, si escribimos una historia, ¿tú nos la corregirás? –recapituló Anna.

-Con todo mi cariño.

-Pues eso haremos –declaró Fanny en nombre de las dos, sellando el pacto con un abrazo a su tía.


Durante la vida de Jane Austen, las esposas de sus hermanos alumbraron a veinticuatro bebés, catorce chicas y diez chicos. Este número se incrementó en nueve ocasiones tras el fallecimiento de la escritora. Aunque han pasado casi doscientos años y las costumbres han cambiado significativamente, los niños siempre serán niños, por lo que no es difícil imaginar el bullicio y ajetreo que reinaría durante los diversos encuentros familiares organizados por los Austen.

Resultado de imagen de jane austen family tree

Resultado de imagen de regency childrePor los testimonios que nos han llegado, sabemos que Jane era una favorita de sus sobrinos, que buscaban su compañía siempre que iba de visita a sus casas o coincidían en algún lugar. La ingeniosa escritora solía contarles historias largas y elaboradas, que cautivaban a los más pequeños y estimulaban su imaginación. Esas historias podían durar días, y Jane disfrutaba añadiéndoles todo tipo de detalles y personajes. ¡Quién pudiera escucharlas! ¿Verdad?

Aunque Jane quería a todos los hijos de sus hermanos, las circunstancias propiciaron que tuviera una relación especial con dos de sus sobrinas, Anna y Fanny.

Resultado de imagen de anna lefroyAnna, que más tarde tomaría el apellido Lefroy (no se casó con el famoso Tom, sino con Ben, uno de sus primos), fue la primera hija de James -el mayor de los Austen- y Anne Mathew, que falleció tres años después de la boda, cuando la pequeña contaba con tan solo dos años de edad. Tras la muerte de la joven madre, Anna se fue a vivir a la rectoría de Steventon, donde recibió las atenciones de sus abuelos y de sus tías. Y allí permaneció hasta que James se casó con Mary Lloyd, dos años después de enviudar.

Resultado de imagen de fanny knightFanny fue la primera de los once hijos del matrimonio formado por Edward Austen, que más adelante tomaría el apellido Knight, y Elizabeth Bridges. Fanny también perdió a su madre, pero en su caso fue a los quince años.

Ambas primas nacieron en 1793, por lo que la diferencia de edad entre ellas y su tía Jane no llegaba a los dieciocho años. La situación de las jóvenes era muy diferente. Anna vivió en la rectoría de Deane, hasta que los Austen se mudaron a Bath y James tomó posesión de la parroquia de Steventon. Edward Austen, el padre de Fanny, fue adoptado legalmente por los Knight y, por lo tanto, su situación económica fue mucho más desahogada. Fanny vivió gran parte de su vida en Godmersham, una gran casa con amplios terrenos y abundante servidumbre.

Entre las cartas que conservamos de Jane Austen, hay varias dirigidas  a Anna y a Fanny, aunque tanto el estilo como el contenido de unas y otras es bastante diferente. Enseguida volveremos a este punto.

Resultado de imagen de godmersham austenLa familia Austen estaba muy unida y Edward no dudaba en aprovechar su buena situación para ayudar a los suyos, o invitarles a pasar largas temporadas en Godmersham. En algunas ocasiones, la tía Jane coincidió con Anna y con Fanny en la gran casa de los Knight, y seguro que pasó muy buenos momentos charlando con ellas mientras paseaban por sus jardines. Ambas jóvenes conocían las dotes de escritora de su tía y habían leído algunas de sus novelas. No hay duda de que este sería uno de sus temas de conversación, y no sería de extrañar que ambas le pidieran a su tía que les diera algunas lecciones sobre cómo escribir una historia. ¿Quién no lo haría en su lugar? ¿Y qué les dijo su tía? Seguramente les daría algunos consejos sencillos y accedería a revisar sus trabajos una vez que se pusieran a escribir.

Sabemos que Anna se tomó muy en serio su labor de escritora y pronto comenzó con su propia novela. Gracias a ella, tenemos un amplio elenco de consejos de escritura de puño y letra de Jane Austen, ya que la afamada escritora contestaba a las cartas de su sobrina comentando las páginas del manuscrito que esta le enviaba, señalando puntos fuertes y elementos a mejorar, y sugiriéndole algunos aspectos a tener en cuenta para lograr un efecto satisfactorio.

Resultado de imagen de anna lefroyAnna no llegó a terminar su novela. Su boda y el nacimiento de su primera hija la llevaron a abandonar la escritura temporalmente. Y más tarde, la muerte de su querida tía, que había sido un estímulo para su escritura y la destinataria principal de esas páginas, propició que la joven perdiera todo el interés por esa historia y decidiera arrojar al fuego las páginas escritas con tanta ilusión y comentadas por la tía Jane con todo su cariño y acierto.

Resultado de imagen de fanny knatchbullFanny, por su parte, tenía otras cosas en la cabeza que la impedían sentarse a escribir. El corazón de la joven dama estaba despertando y su imaginación revoloteaba llena de fantasías románticas y sentimientos incontrolados. Mientras que la correspondencia entre Jane y Anna halla en los escritos de esta su eje principal, las cartas que intercambió Fanny con su tía se centran en asuntos amorosos. La apasionada muchacha abre su corazón en sus misivas y pide consejo a su tía sobre el modo de comportarse con un joven caballero que se ha mostrado atraído por ella. También en estas cartas encontramos pasajes de gran interés en los que Jane Austen muestra su afecto, ingenio y sentido común. Es llamativo encontrar en estos escritos algunas frases que parecen extraídas de sus novelas. Jane, fiel a sus principios, insta a su sobrina a examinar sus sentimientos, y le pide que no tenga prisa ya que luego podría arrepentirse. Hay que casarse por amor y no por interés económico o social. Esa es una de las ideas principales de este intercambio epistolar.

Anna y Fanny, dos jóvenes Austen, nacidas el mismo año, unidas por el afecto mutuo y el cariño hacia su tía, pero con dos vidas muy distintas. Seguro que Jane, tan perspicaz y conocedora de la naturaleza humana, advirtió la diferencia entre sus sobrinas. Anna, menos brillante que su prima, con menos dotes naturales y medios económicos, vive más pegada a la realidad y se muestra más madura y decidida. Contrae matrimonio joven, a pesar de algunos reparos familiares, y se muestra feliz y satisfecha con su papel de esposa y madre. Fanny, atractiva y rica, es un mar de dudas en los asuntos del corazón. Tan pronto se muestra enamoradísima de su galán como hastiada de sus atenciones. Decide rechazarlo, pero no quiere que él se enamore de otra…

Resultado de imagen de anne elliotImagen relacionada¿Qué opinaba Jane? Quería mucho a ambas chicas, aunque le notamos cierta parcialidad hacia Fanny. Anna es como una hormiguita, constante y trabajadora. Fanny es como una mariposa, bella y alegre. Hay algo de las protagonistas de Austen en sus sobrinas. Cierta semejanza entre Anne Elliot y Anna Lefroy, y también algo de Emma Woodhouse en Fanny. Quizá por eso Jane quería tanto a Fanny, tanto sus defectos como sus virtudes eran evidentes, y había un encanto natural en la alegre inconsciencia de la joven que cautivaba a su tía. Pero si hubiera tenido que apostar por cuál de las dos sería más féliz, pienso que habría optado por Anna.

De lo que no hay duda es de que Jane tuvo la fortuna de gozar de una familia amplia y unida, en la que unos contaban con el afecto y el apoyo de los otros, y en la que nuestra querida escritora encontró el entorno adecuado para dar vida a sus inolvidables personajes y sus maravillosas historias.

Si quieres saber más sobre la vida de Jane Austen y su familia, pincha AQUÍ

Anuncios

EL HOMBRE QUE RECHAZÓ A JANE AUSTEN

Miércoles, 1 de noviembre de 1797

A la atención de Thomas Cadell, editor.

Señor:

            Obra en mi poder el manuscrito de una novela en tres tomos, de una extensión aproximada a Evelina, de la señorita Burney. Siendo consciente de la importancia que puede tener para una obra de esta clase que la primera edición sea publicada bajo un nombre respetable, me dirijo a usted. Le estaría muy agradecido si fuera usted tan amable de hacerme saber si está interesado en ella, cuál sería el coste de publicación a riesgo del autor, y cuánto estaría usted dispuesto a pagar por los derechos de autor si, tras su cuidadosa lectura, le diera su aprobación. Si su respuesta fuera alentadora, le enviaré la obra.

            Soy, señor, su humilde servidor,

                                                           George Austen

 

-¿Te parece bien? –preguntó con evidente satisfacción.

-Es perfecta –sentenció Jane, estampando un beso de agradecimiento en la mejilla de su padre, que sonrió complacido.

-La enviaré personalmente esta misma mañana –declaró mientras tomaba su abrigo del perchero y se disponía a salir-. Espero que no tarde mucho en contestar y así podemos enviarle tu novela. Ya verás cómo le encanta –añadió a modo de despedida.

Jane permaneció inmóvil frente a la puerta. La emoción bullía en su interior ante la posibilidad de que se publicara uno de sus escritos. ¡Sería maravilloso! Pero… ¿Y si no era así? ¿Y si no les gustaba su novela? A su padre le había encantado y era un hombre muy culto, que había leído infinidad de libros. Pero era su padre. El resto de su familia también había disfrutado con su lectura. Habían pasado varias noches sentados frente a la chimenea, escuchando a la joven mientras les leía las distintas cartas que hacían avanzar la historia. Aunque no faltaron ofrecimientos para darle un relevo, Jane insistió en leer toda la novela. Solo ella sabía el tono que emplearían Lizzy y los otros personajes al decir tal o cual cosa. Las veladas habían pasado volando, al menos para ella, y, en no pocas ocasiones, tuvo que interrumpir la lectura hasta que se acallaron las risas.

Cuando leyó los últimos párrafos y se dio por concluida la obra, todos los presentes aplaudieron con fuerza y su padre declaró que era la mejor historia que había escuchado en su vida. Jane había sonreído halagada, sin dar mayor importancia a un comentario que era fruto del afecto de un padre cariñoso por su hija mimada. Sin embargo, cuando a la mañana siguiente le planteó la posibilidad de enviársela a un editor, Jane comprendió que no era tan solo el amor paternal lo que le movía, sino que realmente juzgaba su trabajo digno de ser publicado.


Jane Austen aún no había cumplido veintidós años cuando su padre escribió al señor Cadell con la intención de publicar First Impressions, que más tarde se titularía Pride and Prejudice (Orgullo y prejuicio). No ha llegado hasta nosotros el manuscrito original de esa primera versión, ya que Austen destruía las copias antiguas de sus obras, pero sabemos que se trataba de una novela epistolar… ¡Que Jane Austen finalizó con tan solo veintiún años!

Como se puede leer en la carta del Reverendo Austen, los costes de la publicación recaían sobre el autor. El editor pagaba por los derechos y se encargaba de los preparativos para la publicación, las correcciones, la impresión, la distribución, la publicidad y el control de ventas.

Así que pongámonos en situación: la joven Jane Austen ha terminado de escribir una novela, se la lee a su familia y a su padre le gusta tanto que decide escribir a un editor para que la publique. No es difícil imaginar la emoción que sentiría Jane ante la posibilidad de que una de sus historias fuera publicada. Seguro que toda la familia compartía su ilusión y hablaban sobre ese proyecto durante las comidas y veladas al calor de la chimenea. Confiado en el éxito de esa obra, el Reverendo Austen envía la carta y a los pocos días recibe la esperada respuesta. ¿Qué dice?

DECLINED BY RETURN OF POST

Rechazada a vuelta de correo… Rechazada sin la menor consideración. Un portazo en la cara.

¿Qué sentiría Jane al recibir esta negativa? Tanta ilusión, tantos planes, tantos halagos de sus familiares… ¡para nada! ¿Para nada? ¿Seguro? El editor ni siquiera había leído la novela. Su padre le había propuesto enviársela si tenía interés en leerla, pero no fue así. Por lo que la negativa no fue hacia la obra sino hacia la idea de la autora que el editor se forjó en su mente durante los escasos segundos que le dedicó.

Jane Austen fue rechazada por un editor. Orgullo y prejuicio, una de las mejores novelas de la literatura universal, fue rechazada por el primer editor que tuvo la oportunidad de publicarla. No es un caso aislado, sabemos que lo mismo ha ocurrido con grandes best-sellers de nuestros tiempos, Harry Potter, sin ir más lejos. Se cuenta que fueron más de diez las editoriales que no estimaron esa historieta de magos digna de ser publicada… ¿Qué pensarían pasados unos años? 😉 Seguramente lo mismo que el señor Cadell si levantara la cabeza uno de estos días 😛

Afortunadamente, Jane no se desanimó por esa negativa y siguió escribiendo, revisando lo escrito y creando nuevos personajes e historias.

Otra lección de nuestra querida Jane Austen: no dejarse vencer por los fracasos. Seguir adelante, pase lo que pase. Si lo que hacemos vale la pena, el tiempo se encargará de que se valore como es debido.

Si quieres saber más sobre Jane Austen, pincha AQUÍ.